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La Literatura Infantil Argentina desde la oralidad: Recopiladores e investigadores

En la historia de la literatura infantil argentina desempeñan un papel muy     importante recopiladores e investigadores preocupados por la literatura oral

Cuatro son las vertientes que nutren a la historia de los textos dirigidos a la infancia: la de la oralidad, la de los textos didáctico-pedagógicos, la de los textos escritos para niños y la de los textos que adoptan los niños desde la prensa escrita.

 No obstante, haber sido reiterado   que la literatura infantil surge en el siglo XVIII  sostenemos una hipótesis totalmente diferente: el punto de partida de la literatura infantil se inscribe en los relatos míticos. Sus orígenes se remontan a los lejanos tiempos en que adultos y niños se reunían junto al fuego para escuchar historias asombrosas –aquellos que en un revelador volumen– Enrique Anderson Imbert llama “los primeros cuentos del mundo”, [1] y se encapsula en ritos de  iniciación y en conjuros rimados.


[1] Enrique Anderson Imbert: Teoría y técnica del cuento. Ediciones Marymar, Buenos Aires, 1979.

Asume   que  el hombre primitivo para explicarse el mundo que lo rodeaba necesitó darle vida al agua, al viento, al sol, al rayo, a los frutos de los árboles, a las mieses. Y si bien  gozó con ellos, padeció también a causa de ellos.  Numerosas y difundidas son las rimas de  regocijos por fenómenos naturales:

¡Agua, mi Dios!

 ¡agua, mi Dios!/

que moje los campos

 y a nosotros no.[1]

Luna, Luna dame fortuna[2].

Paloma bumbana

 llevame a tu cuna

 dame de comer

semilla de tuna[3].

Señalamos a las citadas composiciones  como  primeras semillas de nuestra literatura infantil. Nacieron en forma anónima y colectiva y se transmitieron por tradición oral.

  No en vano algunos textos que hoy anidan en nuestra sociedad abrevaron en los primeros escritos de la India, especialmente en el Panchatantra (siglo VI,) en Las Mil y una Noches, en el Calila et Dimna, en los Cantares, obras  que llegaron  a estos lares con los españoles, muchos de ellos registran orígenes más lejanos.  Por ejemplo, Juan Alfonso Carrizo  señala que la rima

Al que da y quita

le sale una jorobita

y al que da y cobra.

le sale una joroba

 proviene de la penetración del derecho romano en la conciencia europea y que llega hasta el niño, porque la donatio, por ejemplo,se rige por la sentencia clásica Perfecta donatio irrevocabile est.

Indudablemente el punto de partida de nuestra literatura infantil,  como la del resto del planeta, está marcado por la literatura oral. Y si  aún perdura entre nosotros   dicho legado se debe al empeño puesto por recopiladores tales como Juan Draghi Lucero[4], Jorge Furt[5], Violeta Gainza de Hemsy[6], Orestes di Lullo[7], Felix Coluccio y Marta Isabel Coluccio[8], Juan B Ambrosetti[9], Rafael Jijena Sánchez[10], Horacio Becco[11], Ismael Moya[12] y a los sorprendentes Cancioneros recogidos por Juan Alfonso Carrizo hacia las primeras décadas del siglo XX,  en Tucumán,  Salta, Jujuy, La Rioja y Catamarca.

 Sumamos a la tarea de  los recopiladores pero ya desde el plano de la reelaboración,


[1] Citado por Juan Alfonso Carrizo en Rimas y juegos infantiles. Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, 1995, pág. 206.

[2] Ibídem,.

[3] Ibídem,

[4] Cancionero Popular Cuyano. Ed. Best Hermanos, Mendoza, 1938, primera edición.

[5] Cancionero Rioplatense Lírica gauchesca. Tomo 1. Casa Editora «Coni», Buenos Aires, 1923.

[6] Canciones y danzas para niños de las escuelas. Guadalupe, Buenos Aires, 1996.

[7] Cancionero de Santiago del Estero El folklore de los niños. El Ateneo, Buenos Aires, 1944.

[8] Folklore Infantil. Corregidor, Buenos Aires, 1996.

[9] Supersticiones y Leyendas. Ediciones Cinco, Buenos Aires, 1994.

[10] La Luna y el Sol. Letras que dicen y cantan los niños cristianos. Plus Ultra, Buenos Aires, 1964. 2da edición.

[11] Cancionero tradicional argentino. Edicial, Buenos Aires, 1917.

[12] Selección de adivinanzas para ser usadas en las escuelas. Ministerio de Educación, Buenos Aires, 1944.

Ada María Elflein con sus Leyendas argentinas[1], Tránsito Cañete de Rivas Jordán, en Tucumán, con De Nuestra Tierra[2],  Juan Carlos Dávalos con  Los Casos del Zorro. Fábulas campesinas de Salta[3].

Largo e impropio sería dado los limites  que impone esta nota continuar  con la enumeración de los numerosos autores que han contribuido a enriquecer la literatura infantil argentina con material folklórico, pero no podemos dejar de recordar de manera especial a Berta Vidal de  Battini por  su tarea  de recopilación  editada como Cuentos y leyendas populares de la Argentina. Selección para Niños[4], obra que debía ser entregada a todas las escuelas argentinas


[1] Librería del Colegio, Buenos Aires, 1906.

[2] Talleres de La Cárcel, Tucumán, año 1938.

[3] El Ateneo, Buenos Aires, 1925.

[4] Consejo Nacional de Educación, Buenos Aires, 1960.

En síntesis, en la historia de la Literatura Infantil Argentina, si bien desempeñan un papel muy importante recopiladores e investigadores preocupados por la literatura oral, su  punto de partida anida en la literatura oral que los chicos adoptaron.  Hablamos de una literatura que respeta sus sueños, les permite manifestarse, les  brinda el alimento del humor, les abre de par en par las puertas para ir a jugar, los convoca desde el había una vez, les permite enamorarse, dialogar con la naturaleza, jugar con los animales, reconocer la pobreza, no sancionar el crecimiento económico, iluminar viajes y  aventuras, acercarse al Supremo Creador sin angustias, en fin… una literatura que supera en límites y honduras a las más actuales concepciones sobre el tema.

Por suerte aún vive pero  no se la  debe dejar dormir.  Es urgente despertarla. ¿Y por qué?  

Porque   la literatura oral,  si bien tiene punto de partida su ciclo vital no se cierra.  Recordemos que estos  relatos tienen su  origen en la era del sueño de la humanidad

  • Dra en Letras. Escritora. Miembro de Número de la ALIJ

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