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7 de junio, Dia del Periodista: somos algo más que un gremio más

En este momento de la historia, cada gremio asume para sí la peculiaridad de desempeñar un trabajo insalubre y singular. Y cuando todas esas asociaciones laborales tienen o parecen tener buenas razones para pensar como piensan, es que son las sociedades las que mal andan, y queda claro que poco les importa a quienes tienen las respuestas y los medios para cambiar estas condiciones.

Los periodistas no escapamos de las circunstancias y condiciones de vida. Los periodistas somos, en todos los sentidos, parte de la realidad, actores como todos, y responsables tanto del desarrollo, el progreso y el crecimiento de las sociedades, como de los deterioros, los errores y los estancamientos.

Se dice mucho que la información no debiera ser una mercadería o un producto comercial más, porque las mercaderías están a la venta, y que solamente se debiera conseguir información a través de un proceso transparentemente legal y engalanadamente ético. Pero los periodistas, sin embargo, en ocasiones trabajan monotributando y fuera del contexto de la moral laboral.

Sí, es así como debiera ser, porque cuando los periodistas entrevistamos a un político, a un cantante, a un gremialista, a un deportista, a un científico o a un actor teatral, lo hacemos con la intención de que nos pronuncie algo notable y relevante para la sociedad, siempre en construcción y crecimiento, y siempre con la necesidad de estar informada. Es por eso que los sujetos son un principio, gérmen y fuente de información enorme. Los periodistas forjamos contenidos gracias a las personas y son ellas legítimamente quienes merecen respeto porque deben recibir información objetiva y de calidad. Un periodista debe indagar la verdad de los hechos y debe identificarse por ser un ser con principios y valores.

Eso se nos pide, de acuerdo, es lo justo. ¿Y qué recibimos? ¿Tenemos acaso el espacio –por decirlo de algún modo- merecido, las condiciones dignas para desempeñarnos y la retribución acorde a la entrega?

Los periodistas no deben poseer falta de rigor ni de ética, pero en la mayoría de los casos, no trabajan en condiciones de rigurosa legalidad, ni mucho menos, de una santificante ética en el contexto de su labor.

Un periodista no debiera, jamás, creerse dueño de la verdad porque es una actitud soberbia y engañosa, pero es uno de los personajes que más deben luchar en contra de las mentiras y las falsedades cotidianas.

Un periodista jamás debiera autocensurarse por causa de los intereses de la empresa o del medio para el cual trabaja, pero, seamos sinceros, cuántas veces lo hace para resguardar su fuente de trabajo.

Un periodista jamás debiera creerse un salvador de personas o reputaciones, o bien, los jueces de actitudes y de sujetos públicos, y, sin embargo, estamos en los banquillos de acusados en la exposición permanente de nuestro rubro.

Un periodista no debiera relegar jamás que su objetivo primordial es comunicar a las personas y no obligatoriamente “vencer” a la competencia en una contienda -solo algo comprensible y algo esperable desde lo comercial- por la “primicia”. Y la realidad es sin embargo que cohabitamos en un medio caníbal, aunque no lo deseemos, porque nuestro puesto depende de ello.

Los periodistas no podemos disfrazar la verdad y sin embargo, cuando un periodista entra en el juego, se activan los disfraces y los maquillajes para que se vea lo menos posible el fondo del asunto.

Los periodistas, no podemos, no debemos, ser los protagonistas de las noticias, es una vergüenza que pretendamos ese prestigio fraudulento. Hay ocasiones en las que esto pueda estar justificado, pero siempre será la excepción y no la regla. Pero es cierto también que las empresas poco valoran que el buen nombre y el trabajo honesto de un periodista es, en ocasiones, el que logra la nota.

Los periodistas no podemos no sentir amor por la profesión y ardor por lo que se hace diariamente simplemente porque es imposible hacerlo sin sentirlo, y no por eso pensar que, porque tenemos un micrófono, un teclado, o una cámara, contamos con todo el derecho para decir lo que nos dé la gana sin asumir que nuestra mirada puede generar una expectativa en quien nos sigue.

En síntesis, es tanto lo que se nos pide, es tanto, que si lo dimensionáramos acabadamente, simplemente no podríamos ejercer esta pasión, perdón, quise decir, profesión.

Y acá estamos, a pesar de todo, expuestos a cambio, en la mayoría de los casos, de sueldos misérrimos, en condiciones infortunadas, con el apoyo exiguo y lento de las pautas oficiales, que al llegar al bolsillo en la hechura de una propina o una dádiva, nos da una supervivencia precarizada y embarazosa pero sin que el público, en este caso el lector, sepa de las condiciones reales de vida por las que pasa un periodista.

En síntesis; si, somos un gremio precarizado más, pero hemos querido que se informe la sociedad acerca de cuántas presiones sufrimos, y cuánta gratificación moral y monetaria tenemos, y hemos querido decirlo en nuestro día, en el que precisamente, más que nunca, debiéramos honrar y dar a conocer la verdad.

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