9 de Julio: El día que se gestó algo más que una Independencia
En cada rincón del país, el 9 de Julio se celebra como el Día de la Independencia. Pero más allá de los actos protocolares, las banderas desplegadas y los himnos entonados, esta fecha encierra una riqueza histórica que muchas veces se diluye entre discursos repetidos. Hoy, desde Prensa Activa Digital, proponemos mirar más allá de la efeméride.
La Casa de Tucumán y su transformación silenciosa
Todos sabemos que fue en San Miguel de Tucumán donde se firmó el acta de independencia el 9 de julio de 1816. Pero pocos recuerdan que esa casa era, en realidad, la vivienda de doña Francisca Bazán de Laguna, una mujer viuda que cedió su hogar para que sesionara el Congreso. Un gesto silencioso y decisivo: sin su generosidad, quizás el escenario de nuestra emancipación habría sido otro.
El edificio, que por entonces tenía más de 250 años, fue demolido parcialmente en 1903, y luego reconstruido en 1941. Lo que hoy vemos es una recreación, basada en una pintura de 1869 del artista Francisco Fortuny. Así, nuestra «Casa Histórica» es una mezcla entre memoria, arte y reconstrucción.
¿Por qué recién en 1816?
Muchos se preguntan por qué pasaron seis años desde la Revolución de Mayo hasta la declaración formal de independencia. La respuesta está en la complejidad del proceso político de aquellos años: guerras internas, disputas con las provincias del Alto Perú, la caída de Napoleón en Europa y el regreso de Fernando VII al trono español cambiaron los escenarios. El Congreso de Tucumán fue, en realidad, el punto de llegada de una maduración política, más que un acto fundacional aislado.
Las voces del norte
A menudo se resalta la figura de San Martín o de Buenos Aires en las gestas patrias, pero el 9 de Julio tiene una profunda raíz federal. Tucumán, Santiago del Estero, Salta, Catamarca, La Rioja, Jujuy, Mendoza, San Juan… fueron claves. Muchos de los diputados firmantes representaban provincias que hoy no figuran como protagonistas en los libros escolares. Hubo 29 congresales presentes ese día, y el presidente del Congreso era nada menos que Francisco Narciso de Laprida, sanjuanino.
El acta se leyó… ¿en qué idioma?
Un dato poco difundido: el acta de la independencia también fue traducida al quechua y al aymara, por orden del Congreso. Fue una manera de comunicar la ruptura con España a toda la población, incluyendo a las comunidades originarias. Un gesto político y cultural de avanzada para su tiempo, que hoy podría considerarse precursor del reconocimiento a la diversidad lingüística.El arte de declarar con coraje
Los diputados no solo rompieron vínculos con España, sino también con «toda otra dominación extranjera», una frase clara y contundente. En plena incertidumbre política, económica y militar, fue una declaración valiente, cargada de riesgo y de esperanza. No tenían asegurado el éxito de su empresa, pero comprendían que había llegado el momento de actuar.
Una independencia que aún nos interpela
Recordar el 9 de Julio es también mirarnos hoy como país. Pensar en las renuncias silenciosas, como las de doña Francisca Bazán. En las decisiones tomadas en tiempos inciertos. En los pueblos del interior que alzaron su voz. En el coraje de decir basta. En la necesidad de la unidad, más allá de las diferencias.
Desde Prensa Activa Digital, creemos que no se trata solo de honrar una fecha, sino de seguir construyendo esa independencia con compromiso, memoria activa y mirada crítica.
¿Sabías que…?
Una independencia con anécdotas poco contadas
Llegaron a caballo y en mula.
Muchos diputados del Congreso de Tucumán viajaron durante semanas desde sus provincias en mulas, caballos o carretas, cruzando cerros, ríos y zonas peligrosas. Varios llegaron enfermos o agotados, pero ninguno se ausentó. La patria los esperaba.
El acta no se firmó el 9 de Julio.
Aunque ese día se votó la independencia, el acta se redactó recién el 19 de julio. La versión original en español se perdió; lo que se conserva es una copia posterior. ¡El símbolo de nuestra libertad fue un proceso, no un acto instantáneo!
Tucumán vivió días de miedo.
Mientras el Congreso sesionaba, había temor de un ataque realista desde el norte. Se reforzaron guardias, se armaron vecinos y se pidió ayuda al general San Martín si era necesario.
Las mujeres fueron esenciales.
No firmaron el acta, pero sin ellas nada hubiera sido posible. Alojaron diputados, cocinaron, tejieron ropa, donaron bienes y organizaron tertulias patrióticas. Su protagonismo silencioso fue clave.
Se tradujo al quechua y al aymara.
El Congreso ordenó la traducción del acta a lenguas originarias, una decisión vanguardista que buscó llegar a todos los pueblos del territorio. Un gesto que habla de inclusión en tiempos donde no era costumbre.
Hubo música, guitarras y baile.
Pese al clima tenso, después de declarar la independencia se improvisó una fiesta criolla, con música, bombos y guitarras. Tucumán vivió una jornada de emoción, esperanza y raíces.
Recordar y celebrar el 9 de Julio es mucho más que una fecha en el calendario; es un llamado a valorar la valentía de quienes soñaron con una patria libre y soberana. Es también un compromiso vigente para que esa independencia sea cada día más plena, justa e inclusiva.