Mil días de Milei: arranque fulminante y segundo tiempo casi pidiendo la hora
Javier Milei irrumpió exitosamente en la presidencia hace 1000 días -se cumplen este sábado- con el disruptivo y exitoso relato de bajar la inflación, terminar con los privilegios de la “casta política” y mejorarle la vida a los argentinos, como diferenciación esencial de la era kirchnerista que con Alberto Fernández se
Javier Milei irrumpió exitosamente en la presidencia hace 1000 días -se cumplen este sábado- con el disruptivo y exitoso relato de bajar la inflación, terminar con los privilegios de la “casta política” y mejorarle la vida a los argentinos, como diferenciación esencial de la era kirchnerista que con Alberto Fernández se había ido del poder de la peor manera. Pero a casi 500 días del fin de su mandato, su fulgurante estrella languidece y el plan económico da muestras de agotamiento, y el Gobierno, en vez de apostar a la reactivación, insiste con su fórmula de tratar de bajar la inflación a costa de “pisar” el dólar, la caída del consumo, el cierre de comercios y empresas, y el despido masivo de trabajadores.
Milei asumió con alta inflación -que él también estimuló adrede en el inicio de su gestión- y en la campaña electoral de las pasadas legislativas aseguró que en agosto venidero llegaría a cero, promesa que no se cumplió y actualmente registra niveles como los de las presidencias de Cristina Fernández de Kirchner y el primer año de Alberto Fernández (con pandemia).
Tampoco el líder libertario terminó con los beneficios de la “casta política”, sino que el descomunal ajuste se hizo sobre los jubilados y asalariados, y apenas en la mitad de su mandato se empezaron a destapar escándalos de presunta corrupción, como los del eyectado e investigado ex jefe de Gabinete Manuel Adorni, por enriquecimiento ilícito; el caso $LIBRA, que pone la lupa sobre Milei y su hermana Karina; y la investigación de coimas y sobreprecios en la ANDIS, entre otros casos rimbombantes.
El ajuste fiscal para arribar a un superávit -discutido y polémico, según oficialismo y oposición- lo hizo sobre áreas cruciales y vitales del Estado, como el despido de trabajadores de áreas estratégicas como Vialidad, Energía Atómica y el Senasa, por ejemplo, la baja progresiva y sistemática de los haberes de los jubilados, los trabajadores estatales y privados, y el ahogo económico a las provincias.
Igualmente esas políticas de ajuste siguen manteniendo un apoyo significativo de una parte fiel del electorado, que las celebra y aplaude, aunque las encuestas que hasta hace poco descontaban una reelección en 2027, ahora aparecen estudios que lo ponen impensadamente en un posible balotaje contra un candidato del peronismo.
Con todo, Milei quedará en la historia como el presidente argentino más disruptivo, que desarmó el Estado como ni Carlos Menem consiguió, pero también como el de personalidad más contradictoria y soez, extremadamente cambiante en sus opiniones y como el de menor apego democrático hacia el Poder Legislativo y el periodismo libre.
Sin dudas que el desguace desbalanceado y arbitrario del Estado y la reducción de recursos generaron un fuerte recorte fiscal que el Estado argentino requería, aunque la pregunta de opositores es si la tijera quirúrgica debía ser descarnada con los jubilados, la salud, la educación, la universidad, la ciencia y el área discapacidad, sectores entre los más afectados y castigados.
Desde lo institucional, Milei es lo más parecido a Cristina Fernández de Kirchner: no respeta el rol institucional de la vicepresidenta Victoria Villarruel, como ocurrió con CFK y Julio Cobos entre 2011 y 2015; y embate con insultos y bravatas contra el Congreso (solo baja un cambio cuando le votan a libro cerrado sus proyectos tal cual lo hacía la “escribanía” de la era kirchnerista).
Otra inusual política de Milei es el alineamiento sin condicionamientos con Estados Unidos e Israel, y lo extraño -a esta altura ya no- son las repetidas diatribas contra presidentes de países con histórica buena relación con Argentina como Brasil, Colombia y España.
Sus exabruptos y llamados al odio alcanzan también a expresidentes de diferentes partidos políticos como Raúl Alfonsín y Mauricio Macri, pero también a periodistas, artistas y empresarios, como Marcelo Bonelli, Lali Espósito y Paolo Roca, por citar solo tres ejemplos.
Pero el show de la Casa Rosada y el relato de los canales y periodistas afines no logran ya tapar -como sí ocurría hasta que estalló la corrupción en la ANDIS de Diego Spagnuolo– las internas en la Casa Rosada, donde Milei discrepa cada vez más con su hermana Karina y tienen cada vez más alejado y en “capilla” al otrora poderoso asesor presidencial Santiago Caputo.
Los números y estadísticas de la economía muestran últimamente datos alarmantes sobre la caída del consumo, la pérdida salarial y de empleo, el cierre de comercios y empresas y la elevada morosidad de un sector vulnerable de la población, como principales datos de una realidad inquietante que ahora los medios libertarios no pueden evitar mostrar.
Milei, de todos modos, conserva su base electoral de la elección presidencial de 2023 (casi 30%) y está perdiendo aparentemente la que lo apoyó en el balotaje (llegó a casi 56%) para ganarle al neoperonista Sergio Massa, pero lo curioso es que en los últimos meses ya se empieza a escuchar -tibia pero sostenidamente- en algunos barrios del conurbano “con Cristina estábamos mejor”.
La frase refiere a la expresidenta que gobernó entre 2007 y 2015, gestión que empezó bien por el “viento de cola” de la administración de Néstor Kirchner y terminó mal, y que dio lugar al “caballito de batalla electoral” de La Libertad Avanza: “Kirchnerismo Nunca Más”.
Pero a medida que se agrava la crisis social y económica y las estadísticas empeoran, desciende el apoyo a LLA y en forma inaudita aparece y renace de sus cenizas el PJ -hoy atomizado y con sus dos figuras antagónicas y peleadas a muerte-, con posibilidades ciertas de ingresar a un balotaje el año próximo, según indican algunas encuestas.
El líder libertario dedicó 1000 días de su gestión a desarmar al Estado, pero el mayor déficit es que la crisis económica que heredó de Alberto Fernández se mantiene, con menos inflación, y en algunas áreas en progreso por el brusco cambio de matriz productiva y la carencia de medidas correctivas. Ahora le quedan menos de 500 días para tratar de revertir la situación de una sociedad que cruje, se empezó a quitar las anteojeras y empieza a reclamar medidas distintas.
Por Fernando Ramírez


