Ayer se fue la última grande de la canción francesa, adiós Juliette Gréco
En Ramatuelle (departamento del Var), en el corazón de la Costa Azul, en las últimas horas de la tarde de ayer, se conoció la muerte de Juliette Gréco (93 años), en donde fue su residencia última. Ella era la última de las grandes leyendas de la época dorada del barrio de Saint-Germain-des-Prés, en la inmediata posguerra, intérprete del gran repertorio canónico de Jacques Brel, Boris Vian y Serge Gainsbourg.

Gréco nació el 7 de febrero de 1927 en Montpellier, en el seno de una familia “complicada”. Padre corso, comisario de Policía, su madre se salvó milagrosamente del campo de concentración de Ravensbruck, y de vuelta a París, intentó «poner orden» en su familia.
Los padres de Juliette Gréco se habían instalado en la parisina Rue de Seine, en el corazón de un barrio que se transformaría en una tierra mítica a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial, cuando París se convirtió en capital de los músicos de jazz, negros, que huían del racismo en los Estados Unidos.
Juliette Gréco comenzó como actriz, en los teatros de Saint-Germain-des-Prés. No era lo suyo. Ella prefería la vida nocturna de los antros musicales del barrio, donde se estaba imponiendo el «bebop» norteamericano y Jacques Prevert, Albert Camus, Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir comenzaban a dar a los bares del barrio el aura de areópagos entre intelectuales y musicales. Juliette Gréco empezó a cantar y a hacer amigos en los baretos de la época, comenzando por el Tabou, en rue Mazarine, donde fue legendaria la “tertulia” de Boris Vian, a caballo entre una escena musical y un campo de batalla poético, inmortalizado en algunos poemas de Jacques Prevert, el más grande de los poetas populares de su tiempo, el cronista lírico de aquel París que las revistas norteamericanas se obstinaron en calificar como cuna del existencialismo filosófico.
Un cuento de Julio Cortázar, “El Perseguidor”, quizá sea la mejor introducción a las leyendas de Saint-Germain, donde se cruzaron muchos de los más grandes músicos de jazz de su tiempo, de Duke Ellington a Charlie Parker o Miles Davis, que terminó convirtiéndose en amante de Juliette Gréco, cantante y actriz, sin duda, pero con una justificada fama que tiene muchas otras fronteras.
La artista tuvo relevancia tanto en los escenarios como en películas notables a las órdenes del directores como Jean Cocteau y John Houston.

