Elsa Isabel Bornemann y el desarrollo de la afectividad a través de la literatura infantil
Honramos su legado, a ocho años de años de su partida

Ya ha sido señalado por la psicología evolutiva que el proceso de crecimiento de los seres humanos registra diferentes aspectos. Entre ellos el fisiológico, el creador, el madurativo y que tales procesos están condicionados por factores genéticos como culturales. Es decir que según el tipo de estímulo que el medio ponga en funcionamiento será a su vez el tipo de aptitud desarrollada. Obviamente, si el medio sofocara la madurez emotiva asfixiaría las posibilidades innatas
Va de suyo que el niño no puede descubrir sus aptitudes hereditarias ni ejercitarlas a menos que el ambiente le sea propicio. No en vano, desde la más temprana edad los seres humanos buscamos recibir y dar amor. Sentimos una fuerte tendencia a ser independiente a fortalecer nuestro yo. A comunicarnos, a enamorarnos, a mostrarnos tal cual somos. Lamentablemente si las mencionadas tendencias no han sido ejercitadas ni encausadas por el medio, la individualidad entra en conflicto.

Al respecto, en relación con los sueños primeros, puntualmente con la misión del escritor hacemos nuestro lo señalado por Fryda Schultz de Mantovani: «como parte del organismo social, el escritor para niños debe hacerlo con la mirada puesta en su propia infancia, y un poco para la reivindicación de la niñez, que la escuela y más aún el ambiente talaron, paralizando sus sentimientos, ideas y acciones. El niño siente urgencia de vivir su emoción, de ahí la necesidad de no ahogar su desarrollo emocional»
Frente a tal formulación surge una pregunta: ¿De qué manera la literatura infantil Argentina favorece el proceso de maduración afectiva del niño?
Como respuesta no sale al paso Elsa Isabel Bornemann quien a través de obras como, No somos irrompibles, El niño envuelto, El Disparatario nos sirve de base para estudiar el desarrollo de la afectividad a través de la literatura infantil.

Dentro del ámbito familiar ficcional encontramos en la obra de Elsa Bornemann un mundo de sentimientos propios de la infancia tales como: temores, resentimientos, alegrías, penas, estar enamorados avergonzados, aburridos, complacidos, fastidiados, sentimientos todos proyectados por nuestra autora tal como se entretejen en la trama de la vida diaria de los niños. En consecuencia, nos interesa detenernos en algunas de sus producciones a fin de transitar por determinados perfiles del mundo afectivo de la infancia abordados por nuestra autora de modo pionero. Veamos:
LA EXPERIENCIA DENTRO DEL ÁMBITO FAMILIAR:
Asoma constantemente en la obra de Elsa Bornemann el espacio exclusivo, particular e intransferible del mundo del niño. Ese mundo en el cual ocurren cosas que sólo a él, le es dable conocer en su perfecta y a veces mágica verdad. Tal el caso de Tina, la niña a la que los adultos consideran «una nena muy imaginativa, » quien en realidad está esperando el regreso de Niebla, la gata a la que ella, una noche de tormenta, ha visto volar y elevarse alto, muy alto.
Consideramos pertinente, en relación a lo precedentemente señalado, recordar las afirmaciones de Charlotte Bühler en su trabajo sobre las relaciones del niño en su familia: “Las situaciones de la vida en que se encuentra padres e hijos son de intercambio social, juego en presencia de los adultos o con ellos, en torno biológicos (comida, vestido, discusiones acerca del cuidado del cuerpo y protección),contextos en los cuales la conversación o el enclave se centra alrededor de la casa (tareas domésticas, limpieza, compra de objetos para el hogar etc.), más las conversaciones que tratan de la escuela o hacen intervenir el mundo exterior «.
La precedente cita espeja de modo cabal lo que Elsa Bornemann, desde la creación literaria por vía antitética edifica en pro de los sueños de la infancia.

EL MIEDO
Todos los niños, desde sus horas iniciales se sienten perturbados en mayor o menor grado por el miedo, y algunos se asustan de tal modo que su libertad de acción queda gravemente perjudicada Tal sentimiento esencialmente ha sido tratado de dos maneras: a) negándolo mediante fórmulas que se apoyan en el concepto del héroe quien a nada teme: «los hombres no tienen miedo», «sé valiente», “¿no te da vergüenza tener miedo?, sin tener en cuenta que el ocultamiento del temor torna mucho más difícil la empresa de hacerle frente al miedo y b) utilizando el miedo como «arma perturbadora» para conseguir obediencia y sumisión. Veamos lo que dicen los expertos al respecto:

«Puede que los niños ansiosos gusten de las historias terribles: por medio de ellas se ven en trance de enfrentar peligros mucho mayores de los que se presentan en la realidad, y de superarlos, pues todas estas historias terminan bien. Pero ellas fondean la ansiedad y crean una inestabilidad duradera. Otro tanto puede afirmarse de las creencias folklóricas, de las historias de ogros y de lobos. Pero indudablemente peor que todo esto es la pedagogía del temor. Hacerse obedecer por miedo a los castigos puede a veces engendrar la apatía o la rebeldía, pero otras generar sobre todo la ansiedad, el miedo a los hombres, concebidos a imagen y semejanza de un padre, una madre o un maestro brutal, así como un sentimiento de impotencia que paraliza las iniciativas infantiles”.
Sumemos a estos elementos perturbadores, los categorizados por Jersild: a) el temor de las cosas, las condiciones y las circunstancias extrañas, b) El temor a la oscuridad, c) el temor a la soledad, el abandono, el aislamiento y la muerte; d) el temor a la muerte y a los muertos
Pues bien, ninguno de estos elementos perturbadores aparece en la obra de Elsa Bornemann, y si bien no los niega, ni los fomenta, pero cuando aparecen, el protagonista les hace frente y lo supera con habilidad, naturalidad e inteligencia. Valga como ejemplo El cuento sin cuento del libro El niño envuelto«, titulado «allá en el cielo» : Andy, el protagonista, vive la muerte de su abuelo con miedo y con angustia. Piensa mucho acerca de la muerte y necesita que le contesten algunas preguntas. Su tío Lucas le expresa:
«En general la muerte nos asusta y nos entristece y sería tonto que callara o disimulara esta verdad y te dijera que no. Nos asusta porque no sabemos casi nada de ella y todo lo desconocido, produce cierto temor aunque creamos en Dios y tengamos mucha fe en él».
LA IRA
La ira implica un estado afectivo que reviste notable importancia en la vida toda. Tanto el niño como el adulto necesitan aceptar la realidad de su existencia para poder mirar con valentía y madurez lo que hay debajo, oculto tras ese enojo. Algunos especialistas han visto en la cólera del niño una de las primeras manifestaciones de una agresividad primitiva. Philippe Malrieu, señala que la cólera es un progreso y señala el poder del niño para no dejarse absorber por la tristeza y para proyectarla, transformada, sobre un objeto. «Es una negativa-continúa-: implica, pues la distinción emocional entre las situaciones que tienen un valor y las que no la tienen.
Correlativamente refleja una afirmación de sí mismo ya que el niño distingue entre aquellas situaciones que le permiten alcanzar el objetivo y las que se lo impiden». Sin dudas así lo ha entendido Elsa Bornemann. Podemos apreciarlo en ¿Quién es ese ganso? En el momento en el que Gerardo da rienda suelta a su ira y luego de este arrebato pone en claro que ha sido ocasionado por su sometimiento a Marcela:
“No, Gerardo no pudo soportar más la tensión. Toda la paciencia que había acumulado durante esos largos meses le estalló adentro. En un impulso de rabia le arrebató el álbum de Claudia y trató de partirlo en dos… En seguida arrojó la odiada carpeta al suelo
-«¡Al demonio con Robert Redford!- gritó. Y envalentonado por el repentino coraje que le permitía su despecho agregó: «-A mí me gustaba Marcela! ¡Me» acabo de dar cuenta de que no es más que una tonta, siempre suspirando por un hombre de papel!».
Dirigiéndose exclusivamente a ella recalcó: «me gustabas, ¿Entendiste? Me gus-ta-bas».

El tema reaparece en “El nuevo” cuando Leonardo y Federico peleándose “como perro y gato” son separados por el maestro “cuando comenzaban a trompearse «.
El hecho enmarca nuevamente la ira pero la presencia de un tercero posibilita que la elaboren y los lleva a la reconciliación. Lo leemos también en Tarea de equipo «Y se me pasó la Babalumba (Babalumba palabra creada por Andy para manifestar su mal humor)». Cuenta sus peleas, manifiesta su «babalumba» y aprende el valor de las tareas grupales:
«¡Sí, se me pasó la babalumba! Ya no estoy de mal humor por los problemas del equipo. Por suerte, Ernesto tuvo la excelente idea de planteárselo a la maestra y…»
LOS CELOS, LA VERGÜENZA Y EL ORGULLO
Estos sentimientos característicos del mundo afectivo de la infancia también están urdidos en la trama de los cuentos de Elsa Bornemann. De esta manera, sus narraciones espejan el mundo infantil desde una serie de rasgos que les son propios. Rasgos que les confieren un viso de verosimilitud y de verdad, altamente positivo para el niño quien, al leerlas, se ve reflejado en ellas. Veámoslo en Pequeña ola:
«- ¿Así que es una ola? ¡No me digas! ¡Que interesante! Y vive en el mar, claro,
¿Son novios?
Malva ardía de celos a pesar de que no me creyó una palabra cuando le revelé el secreto. Necesitaba contárselo a alguien. ¿Y a quién sino a ella? ¿Qué sabías yo de celos entonces? Contárselo fue fatal. Ya no perdió oportunidad para burlarse ni para hacer crecer la duda dentro de mí»
Los precitados sentimientos aparecen a lo largo de toda la obra Los encontramos en “Con el sol en los ojos”,»¿Quién es el ganso?”, «El nuevo”, «Los mensajes ultrasecretos de Andy»
En suma, de lo señalado precedentemente podemos extraer un doble mensaje: el dirigido a los adultos a fin de respetar las emociones de la infancia y el dirigido a los niños con el propósito de reflejar sus emociones con el propósito de madurarlas no negándolas.
EL JUEGO
En una obra ya clásica, Jean Chateau, empieza preguntándose:»¿Por qué juega el niño?» Cita a Claparede y afirma: “El juego es el trabajo, el bien, el deber, el ideal de la vida». Señala luego, que el juego es el centro de la infancia y constituye un mundo aparte en el que el niño puede ser el padre, la madre, el rey, el ogro. Puede ser así, evasión y compensación.
Por su parte Jean Piaget, recalca de la siguiente manera la importancia del juego simbólico: «Obligado a adaptarse incesantemente a un mundo social de mayores, cuyos intereses y reglas continúan siéndole exteriores, más a un mundo físico que todavía comprende, el niño no llega como nosotros a satisfacer las necesidades afectivas e incluso intelectuales de su yo en esas adaptaciones, que para los adultos son más o menos completas, pero que para él siguen siendo tanto más inacabadas cuanto más pequeño es. Resulta, por tanto indispensable a su equilibrio afectivo e intelectual, que pueda disponer de un sector de actividad cuya motivación no sea la adaptación de lo real, sino por el contrario, la asimilación de lo real al yo, sin coacciones ni sanciones: tal es el juego, que transforma lo real, por asimilación más o menos pura a las necesidades del yo».

En la obra de nuestra autora hay un amplio espacio para el juego que se manifiesta en verdaderos hallazgos lúdicos- literarios. Hallazgos que nos llevan a manifestar de manera, qué son únicos en la literatura infantil Argentina: tal es el caso de «Cuento para leer frente a un espejo, obra que constituye un versicuento que sólo puede ser leído en total actitud de juego. Se requiere, como el título lo expresa, el auxilio de un espejo para poder descifrar el texto. La grafía está Impresa al revés y además el contenido se lee de abajo hacia arriba.
También son juegos Los mensajes ultrasecretos de Andy, en «El niño envuelto«.
Para entenderlos hay que conocer la clave:
Cambiar:
A por E,
E por A,
I por U,
U por O (26).
«Astoy e pinto da ravanter; le elargrúa ma llane como el eure isoy in globol. Peile acaptó cesersa colmugo y ma jiró qia ma ve e qirrar hasta la miarta».
En las Guajira de los «lesanima, los nombres de los animales están escritos revés, mezclando las sílabas:
«Un garcioso drilococo
y una traviesa fajira
Inventaron poco a poco
Esta rítmica guajira»

Según vemos, Elsa Bornemann en sus versicuentos del Disparatario hace uso permanente del disparate ingenioso. Juegaconstantemente ylo hace a partir del título. Ya que el título de la es otra palabra inventada, razón por la que aclara: «si bien el discurso lleno de disparates debe denominarse «disparatario» me permití bautizar a este libro como DIS-PA-RA-TA-RIO, jugando libremente con nuestra hermosísima lengua castellana».
Incursiona también en las ficciones y los ensueños, actividades imaginativas que ocupan un lugar importante en la vida afectiva del niño. Lo hace sin dejar de afianzarse en la realidad; «Pequeña ola» es un ejemplo. Se trata de tierno relato lleno de lirismo y ensueños en el que el personaje se enamora de una ola y por ella, llega casi hasta ahogarse. La contrapartida está representada por su amiga de carne y hueso que los salva. Realidad y fantasía se nivelan: triunfan ambas. Es el mismo caso de Crispolo ya que la primera parte del cuento es asumida como ficción y el desenlace como realidad apoyada en la capacidad de soñar:
«¡Por fin tengo un animalito!
¿Cómo? ¿Qué es mentira que tengo un elefante en mí departamento?
No confundas ‘mentir’ con ‘imaginar’, ¿eh?.
Sí, lo cierto es que imaginé esta historia de pura rabia porque no me permitían tener un animalito.»
Va de suyo que Elsa Borneman nos ofrece una construcción imaginativo-razonadora a semejanza, quizás, de la que habla Ortega y Gasset en El Espectador, referida a la del binomio realidad- fantasía. Lo que favorece la flexibilidad y reversibilidad del pensamiento estimulando el pasaje de una estructura de pensamiento a otra. Por algo uno de sus temas recurrentes es el de las ventanas, como salidas para el ensueño: «La ventana de la noche», «La ventana abracadabra», «La ventana del vértigo», «La ventana hacia el recreo», «La fu ni fa», «La de la soledad», «La ventana de la pena», «La ventana fu ni fa cambia de nombre», «La ventana de la alegría», «La luminosa», «La ventana encendida» en la que juega con su tío Lucas a ver programas de televisión:
«Y mi tío cambió el imaginario dial: -El canal de la lluvia abarcando todo toda la pantalla! ¡Ahí están ellos! ¿Los ves, Andy?. -¡
Y cómo los vi!
Quien nunca ha encendido su ventana una tarde de lluvia no sabe qué espectáculo se pierde: los duendes del agua con sus vestidos grises…»
Sí continuáramos, citando emergerían la complacencia, la autoaceptación, la agresión, la hostilidad disfrazada, la tierna relación entre ancianos y niños, la adopción tratada de manera tierna y veraz y el resultado sería un prisma varíadísimo de comportamientos sociales y afectivos que configuran el mundo de la infancia por el que Elsa Bornemann camina con verdad
Dónde nuestra autora obtiene dimensiones notables es, sin dudas, en el tema nuclear de su obra: el amor-niño, línea exitosamente iniciada por ella. Lo encontramos en El libro de los chicos enamorados, en No somos irrompibles, en «El niño envuelto.
En este último hay un libro dentro de otro: «Los mensajes ultrasecretos de Andy«, presentados a modo de diario íntimo.
Concretamente, el tema del amor -niño es tratado por Bornemann sin prejuicios. Lo que nos lleva al encuentro con Jersil quien supo señalar que el prejuicio es una enfermedad sectaria que tiene tres aspectos infaustos: es perjudicial para que aquellos contra los que se aplica, revela un estado malsano en el que lo siente y crea dificultades a todo el grupo social.

. En síntesis, tiende a entorpecer la comunicación afectiva entre la gente, o con uno mismo. Con el propósito de reafirmar los conceptos vertidos pero ya desde el campo de las estadística, tenemos que tras haber encuestado a cuatrocientos niños, entre los ocho y doce años, sobre este sentimientos: trescientos cuarenta y cinco los aceptaron, los restantes lo ocultaron, quizás por temor a la burla o a la represión, hechos estos que conducen al niño a expresar sus sentimientos de manera tortuosa, a asustarse, enojarse, apesadumbrarse, o avergonzarse de algo que es innato.
Preguntamos ¿ No es insoslayable desmalezar los senderos que le impiden al orden natural crecer?
Desde otro ángulo, centrados en el tema del amor en la infancia múltiples ejemplos ofrece el Cancionero popular infantil. No en vano como todo lo que surge del seno del pueblo enmarca sabiduría. Y así es cómo los niños las cantan y las festejan, identificándose..
Recordamos:
Adiós plantita de arroz/,El año que viene /Me caso con vos.
El zapatito me aprieta,/ La media me da calor/ Y el muchachito del frente/ me tiene loca de amor.
La pájara pinta. O «La viudita del Conde Laurel«.
En suma, cuando a un niño se lo lleva sistemáticamente a que oculte sus sentimientos, a que se abstenga de llorar, a que no evidencie su cólera, a que no manifieste los celos, a «que no hay porqué hablar de novios porque los chicos no se enamoran», sin dudas estamos sofocando su madurez emotiva y asfixiando sus potencialidades innata para expresarla.
Sabiamente Elsa Bornemann rompió tales prejuicio y nos entregó una obra trascendente que favorece nada más y nada menos que el desarrollo afectivo infantil. Una obra que responde cabalmente a los enunciados de Fryda S. Mantovani: «Alcanzar el más alto estado de hombre, el infinito hacerse, es el continuo trabajo del niño. En la misión acelerada de crecer nos ofrece la imagen del hombre, cuya vida no alcanza fin mientras vive, disminuye paulatinamente el ritmo de su marcha al pasar de la adolescencia a la madurez, pero no se detiene jamás. Acerquémonos a la infancia en su lenta labor.
Un arte concebido en el más empeñoso esfuerzo comprensivo, facilitará la entrada en ese mundo que la moderna psicología procura, y posiblemente resuelva el conflicto universal. El valor del niño no consiste en que algún día sea hombre sino, principalmente, en la heroicidad de su devenir. En en la forma cómo vive su infancia”.
tal como lo espejó desde las letras Elsa Isabel Bornemann.
A ocho años de años de su partida honramos su legado.
Dra. en Letras. Docente, Escritora Miembro de Número de la Academia de Literatura Infantil
Vicepresidente de SADE Tucumán.

Notas
(1) Cf. Jersild, A.T.: Psicología del niño. Eudeba. Bs As, 1976
(2) Ed. Librerías Fausto. Bs As, 1981
(3) Ed. Orión. Bs As, 1985
(4) Ibid
(5) Cit. por Pastoriza de Etchebarne, D.: El cuento en la literatura infantil. Kapelusz, Bs Así,
1962 por 82 ss.
(6) Ibid
(7) Ibid
(8) Ibid
(9) «Niebla voladora». Un elefante ocupa mucho espacio.Ed. Librerías Fausto, 1985, p.63.
(10) «El niño y su familia». Paidós, Bs As, p. 49
(11) Jersild, Op. Cit. pp. 366 ss.
(12) Malrieu, Ph. Lo. Cit. p.29
(13) Op. Cit. Cap. IX y X
(14)»El niño envuelto», Ed. Cit. p.32
(15)»La vida afectiva del niño«, Nova, Bs As, 1959, p.24.
(16)»No somos irrompibles», Es. Cit. p.23
(17)Ibid. p. 82
(18)»El niño envuelto», Ed. Cit. p.117
(19)»No somos irrompibles«, Es. Cit. p.41
(20)Ibid. p. 11
(21)Ed. Cit.
(22)Ed. Cit.
(23)»El niño envuelto», Ed. Cit.
(24)»L’enfant et le jeu», Ed. Du Scarabée, Paris, 1954, p.8
(25)bis
(26)Es. Cit. p.38
(27)»Disparatario», Ed. Cit.
(28)Ibid
(29)»El niño envuelto», p.28
(30) Madrid, 1950, y. III, pp 399-402
(31)»El niño envuelto», p.25