Grooming y bullying: las nuevas violencias silenciosas que crecen
El Dr. Juan Guerrero se rifirió a este tema tan presente que se da con mucha regularidad.
En los últimos años, las pantallas se convirtieron en el espacio público donde niños, niñas y adolescentes pasan buena parte de su vida social. Allí se informan, juegan, estudian y se relacionan. Pero ese mismo espacio, sin adultos presentes, sin supervisión real y con anonimato a un clic; es también donde proliferan dos fenómenos que avanzan en silencio: el grooming y el bullying digital.
¿Qué es el grooming? Es el contacto de un adulto con un menor con fines sexuales, incluso sin llegar al encuentro físico. Grooming deriva del verbo anglosajón “to groom”, este comenzó a usarse para describir el proceso en el que un adulto manipula emocionalmente a un menor para ganar su confianza antes de un encuentro sexual.
Los groomers suelen camuflarse detrás de perfiles falsos, se ganan la confianza de chicos que muchas veces creen estar hablando con pares y avanzan en un proceso de manipulación emocional que puede durar días o meses.
El objetivo suele ser siempre el mismo: obtener material íntimo, forzar un encuentro o extorsionar. La mayoría de las víctimas no hablan por vergüenza o por miedo a que los adultos “no les crean” o “las culpen”. Ese silencio es el principal aliado del victimario.
Por su parte, el bullying, palabra que deriva de la palabra inglesa “bully” la cual significa “matón”, por su parte, dejó hace tiempo de limitarse a los claustros escolares. Hoy se replica en grupos de WhatsApp, comentarios de Instagram, TikTok, videojuegos online y transmisiones en vivo. Lo que antes quedaba acotado a un recreo, ahora se vuelve permanente, global y viralizable.
El hostigamiento digital no solo potencia el daño emocional, sino que muchas veces se combina con la exposición pública de la víctima, memes humillantes, capturas de pantalla, difusión de audios privados o edición mal intencionada de imágenes.
Familias desorientadas, escuelas saturadas
La mayoría de los adultos reconoce que “los chicos saben más de tecnología”, pero eso no significa que sepan más de peligro. Falta formación, falta supervisión y falta conversación. Las escuelas, cuando intervienen, muchas veces llegan tarde: grupos que ya se desbordaron, imágenes ya convertidas en memes, o videos viralizados.
¿Desde el ámbito jurídico, cómo podemos prevenirlo?
Hay tres ejes clave:
Prevención: formación digital en escuelas, acompañamiento emocional y presencia activa de los adultos.
Responsabilidad penal: en grooming, el delito es claro. En bullying, según la gravedad, pueden configurarse amenazas, lesiones psicológicas, extorsión o difusión no consentida de imágenes.
Acompañamiento: asesorar a la familia, ordenar la prueba digital, preservar capturas y audios, radicar denuncias en fiscalías especializadas y trabajar conjuntamente con equipos técnicos.
El derecho no puede –ni debe– reemplazar al diálogo familiar, pero sí ofrecer herramientas que permitan obtener una actuación rápida, eficiente y eficaz.
En definitiva, el grooming y el bullying no son “problemas modernos”: son violencias concretas que afectan infancias reales. No se solucionan mirando para otro lado ni relativizando el daño. Se combaten con educación, pero sobre todo con presencia adulta y con un respaldo jurídico serio.


