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A 60 años del cierre de ingenios en Tucumán.

El 22 de agosto de 1966 se firmó el decreto-ley 16.926. Con esa firma, el gobierno militarde Juan Carlos Onganía intervino y ordenó desmantelar los principales motores de trabajo de la provincia. El gobierno argumentó que las fábricas tucumanas eran «ineficientes». Sin embargo, la medida favoreció de forma directa a los grandes monopolios azucareros del norte del país.En pocos años, pueblos enteros que vivían al compás del silbato de la molienda se sumergieron en un silencio absoluto.

Los números de la crisis generalizada.

Las consecuencias del decreto golpearon con fuerza los hogares tucumanos. Las investigaciones compartidas por instituciones como el CONICET detallan la magnitud del desastre:50.000 obreros despedidos de forma directa entre el campo y las plantas industriales.15 puntos de desocupación, una cifra que triplicaba el promedio de desempleo de toda la Argentina.200.000 personas afectadas en total, dentro de una provincia que apenas tenía 700.000 habitantes.10.000 pequeños cañeros minifundistas que perdieron sus tierras y su sustento diario.

Resistencia obrera y el gran éxodo tucumano.

El pueblo tucumano no aceptó el decreto de brazos cruzados. Los trabajadores organizados bajo la Federación Obrera Tucumana de la Industria del Azúcar (FOTIA) lideraron la resistencia. Las familias organizaron ollas populares, paros generales masivos y cortes de rutas enteros. En estas protestas civiles entregó su vida la militante Hilda Guerrero de Molina, un símbolo de la lucha azucarera.A pesar de la resistencia vecinal, la falta de empleo generó una migración forzada nunca antes vista. Casi un cuarto de la población de Tucumán abandonó sus hogares. Familias enteras se mudaron a los cordones periféricos de Buenos Aires en busca de un futuro mejor, deshabitando pueblos históricos.

El recuerdo en las aulas y los pueblos.

Hoy, seis décadas después, las cicatrices siguen visibles en localidades del sur provincial como Los Ralos o Villa Quinteros. Aunque la producción azucarera se concentró en menos manos y sobrevivió, esos pueblos nunca recuperaron su brillo económico de antaño.Recientementeel Congreso Nacional sancionó una ley para declarar el 22 de agosto como el «Día Nacional del Desagravio al Pueblo Tucumano». El objetivo actual de la comunidad educativa y de los historiadores es llevar este tema a los colegios. Se busca que las nuevas generaciones entiendan que el Tucumán de hoy está marcado por las chimeneas que se apagaron hace 60 años.

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