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Actividad industrial: sólo 3 países debajo de Argentina, incluyendo a Palestina

Se conocieron los datos de la ONU. El desplome de la industria argentina apenas supera al de Qatar, Bulgaria y Palestina, donde toda actividad quedó paralizada por la guerra y el genocidio. Los números dan escalofríos. Antes de la dictadura, nuestra industria era la envidia de América Latina y de varias naciones europeas. Si no se hace nada en forma urgente, el modelo semicolonial está a la vuelta de la esquina

La actividad fabril quedó un 11,2% por debajo del nivel de 2023, frente a una mediana mundial que avanzó un 5,9%. Solo Palestina, Qatar y Bulgaria registraron resultados más negativos en la comparación de datos de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI), que incluye a 84 naciones de todo el mundo (ambito.com)

Antes que nada hay que aclarar que lo antedicho no significa que el plan socioeconómico de la ultraderecha argentina fracasó. Todo lo contrario. Es lo que vinieron a hacer y lo están haciendo a la perfección.

El sueño húmedo de la clase dominante argentina, que sufrió pesadillas en 1974, cuando el país alcanzó los mayores niveles de industrialización y el menor índice de desigualdad social de su historia, ahora está a un paso de cumplirse: retrotraer la estructura económica y social argentina a la época del Centenario.

El primer y gran paso en ese sentido lo dio la dictadura cívico-militar, aunque se quedó a mitad de camino a causa de su propia incapacidad. Fue la primera fase neoliberal. La segunda comenzó en 1989 y llegó hasta 2001, cuando la situación social estalló por los aires. Entre 2003 y 2015, el peronismo recuperó en gran parte su ideario original, pero hizo agua en aspectos medulares: no combatió la pobreza estructural, no recuperó la escuela pública -una marca inigualable del país desde la sanción de la Ley 1.420 de 1884 hasta aquel 1974- que fue destrozada por la reforma educativa de 1994 (1996 en la provincia de Buenos Aires), y, fundamentalmente, no definió un modelo industrial planificado y de largo plazo, lo cual, a caballo de una organización política sumamente endeble, posibilitó la llegada al gobierno de Mauricio Macri, uno de los principales representantes de la gran burguesía que financió a la dictadura y se benefició hasta niveles indecibles con la estatización de la deuda privada. El macrismo, expresión cúlmine del antiperonismo del siglo XXI hasta 2023, encarnó la tercera fase neoliberal y coronó su gobierno con un hito para la antipatria: el endeudamiento más grande de la historia de un país con el FMI, un ancla gigantesca que sólo sabe Dios cuándo se podrá levar. El 10 de diciembre de 2023, con el voto de casi 6 de cada 10 argentinos y argentinas en el balotaje, desembarcó en la Casa Rosada el gobierno que vino a dar el paso final de aquel sueño elitista de recrear un país como el de principios del siglo XX: sin industria, exportador de materias primas, con un nivel de informalidad y precarización laboral que alcance a -como mínimo- el 70% de la población, sometido mansamente al imperio de turno y con un estado fuertemente represor de cualquier intento de protesta o rebelión (se lo conoce como «modelo peruano»).

Los recientes datos que difundió la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI), dan cuenta de un claro triunfo -aún no definitivo- del modelo de país pobre y dependiente.

El estudio de la ONUDI abarca a 84 naciones del mundo y mide el nivel de desarrollo industrial de cada una a lo largo de los últimos tres años, es decir que abarca el periodo 2023-2026.

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