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Cuando la armonía del cielo florece en las voces.

El maestro Andrés Aciar que dirigió durante 21 años el Coro Universitario de Tucumán, cumplió 86 años en febrero pasado. Vive desde los años 90 en la Capital Federal.

Por Roberto Espinosa.

“Las chicas de Balholm, todas llevan capuchas puntiagudas. Siempre sonríen, pero nunca ríen. Llueve, la lluvia cae sobre la roca gris y la casa blanca. Las capuchas brillan…”_ Las voces florecen en una alegría húngara.

Las corcheas de Zoltán Kodály se abrazan con el poema de su connacional Sándor Weöres. “Norveg leanyok (Muchachas noruegas)” deambulan por los corazones del Coro Universitario de Tucumán, guiado por la mano maestra de Andrés Aciar.

Durante 21 años, dirigió el conjunto coral más antiguo de Tucumán y fue uno destacados animadores de la vida musical de la provincia. En 1993, se radicó en Buenos Aires, donde se dedicó a la docencia particular.

Sus 86 años celebraron el 4 de febrero pasado. De trato amable, con autoridad sin ser autoritario, sobrio, perfeccionista, Aciar dio a conocer varias obras de Kodály en su lengua original en 1982, al cumplirse el centenario del nacimiento del compositor magiar.

Otro acontecimiento musical fue la interpretación de la Liturgia de San Juan Crisóstomo Op. 42, de Tchaikovsky. “Al maestro Andrés Aciar, con todo agradecimiento y emoción después de haber escuchado a su magnífico coro interpretar tan perfectamente esta obra, que hubiese enorgullecido a Ginastera. Mil gracias y augurios para grandes éxitos”, escribió la chelista Autora Nátola, viuda de Alberto Ginastera, al escuchar las Lamentaciones de Jeremías.

Otra memorable actuación del Coro Universitario fue su versión de Carmina Burana, de Carl Orff, junto a la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Tucumán, que llegó hasta Salta a comienzos de los 90.

Una de sus alumnas dilectas en los últimos lustros fue la consagrada cantante Lorena Astudillo.

¿Cómo fue tu despertar a la música, se la escuchaba o se la hacía en tu hogar?

La música formaba parte de la cotidianeidad que me rodeaba, desde siempre, y su fuente fueron las canciones que mis padres y hermanos cantaban con voces saludables, sonoras, con buenos armónicos.

De pronto algo distinto, mágico, nuevo para mí, llegaba desde una casa de familia, calle de por medio a la mía. Se trataba de un piano Rönisch (nada menos) y la composición que se escuchaba, el Claro de Luna, de la Suite Bergamasque, de Debussy. Ese amor “a primer oído” (tenía cuatro años) no me abandonó nunca.

¿Hubo algún profe que te estimuló con la música?

Cursé los estudios primarios en la Escuela Uladislao Frías Nº 2 de la ciudad de Concepción, donde la familia se radicó por el trabajo de mi padre. Deseo recordar a mi maestra del 6º grado de aquella época, Yaele Isabel Belascuain, por su enorme comprensión ante mi compleja salud y su satisfacción de escucharme estudiar en el piano de su casa, lo que hacía con alguna frecuencia, a pesar de tener mi propio instrumento. Los estudios básicos de piano también los hice en Concepción, con Inés Di Giovanni y Aurora Olarte.

Al radicarse la familia nuevamente en San Miguel de Tucumán, cursé los estudios secundarios en el Colegio Nacional “Bartolomé Mitre” y los de piano con Emiliana de Curi. Al ingresar al Conservatorio Provincial de Música en 1959, estudié con Adriana García Medina de Paulucci.

¿Qué enseñanzas te dejó tu maestro Antonio de Raco?

Bajo la guía de Paulucci estudiaba el Concierto en Mi bemol mayor K. 482, de Mozart, cuando el Consejo Provincial de Difusión Cultural (CPDC) contrata a Antonio de Raco para dar un curso sobre Mozart y Beethoven.

Las clases se realizaban en la Biblioteca Sarmiento y allí fuimos los dos -Adriana y yo- entre aquella juventud muy pujante de ese momento: Jorge Armesto, Celina Lis, Leonardo Martínez, entre otros pianistas. Con De Raco el lenguaje musical se transformó.

Él me impulsaba, alentaba a descubrir el enorme caudal musical que había entre dos notas consecutivas, y lo hacía con el gesto corporal y con su voz. Sí, nunca hay una nota que no esté relacionada con otra, que le precede en el íntimo lenguaje sonoro, no apto para descuidados o indiferentes.

El compromiso musical no puede expresarse sin una mano y dedos que transformen el mero tacto en contacto y así los dedos y la mano desarrollan la energía necesaria para la sutileza y la intensidad.

En Chile te graduaste como docente en Educación Musical, ¿fue la ventana de entrada a la dirección coral? ¿Ya habías dirigido antes algún coro?

En Chile y en el Instituto Interamericano de Educación Musical fueron varias ventanas que se abrieron. Una de ellas, el curso especial sobre el Método Kodäly dictado por el profesor húngaro Lazlo Ördög que nos introdujo en la naturaleza rítmica y melódica de la música húngara, sin saber yo en ese momento que doce años después encararía la preparación y dirección de un coro con una programación integrada con once obras de su inconmensurable creación. Guido Minoletti fue un profesor de Dirección Coral de una gran sutileza para la gestualidad de la dirección, precisa y a la vez sensible. Si bien Cora Bindoff de Sigren ya no dirigía el INTEM, cuando fui a saludarla (ella me había visto trabajar a mí en Tucumán tres años antes), me preguntó con la delicadeza y sensibilidad que caracterizaba su exquisita personalidad: “¿Desea ser educador musical o músico educador?” Fue de esas preguntas que nos hacen advertir los caminos que tomamos para ser y hacer. Una sencilla canción cantada afinadamente, con buenos armónicos en la voz, libre de especulaciones de demostración, es una saludable lección de Didáctica. Se lo agradecí y lo agradezco ahora.

En 1972 se produce tu desembarco como director el Coro Universitario de Tucumán (CUT), ¿significó un desafío?

Llegar a un coro para dirigirlo después de un maestro, “cuya sola presencia imponía respeto. Rostro adusto de líneas severas y perfil concentrado; de andar erguido, con modales seguros y precisos, que trasuntaba firmeza y vitalidad”, como escribió el ingeniero Antonio Liberti y que yo suscribo en total acuerdo, no fue una tarea para nada sencilla. Yo era lo opuesto y además con el agregado de una no muy buena salud. Por suerte al CUT cada año ingresaba un buen número de interesados en el canto coral y con ellos se establecía una relación de trabajo eficiente y a la vez cordial en un corto tiempo. Con Antonio Russo, que fue mi maestro, dimensioné la importancia de la vitalidad.

¿Qué aportes te hizo Gerda Alexander, la pedagoga danesa, mentora de la eutonía?

En 1984 trabajé con Gerda Alexander en un curso y un seminario para músicos en Buenos Aires. La notable experiencia de la conciencia centímetro a centímetro a lo largo del tubo digestivo, desde la boca hasta el ano (la longitud es de 10 a 12 metros) con la consigna de mirarse por dentro y soltar (aflojar, distender, relajar) el pequeño segmento que se iba trabajando, es real, y Gerda podía transmitirlo a través de la palabra objetiva, directa, expresada con un timbre profundo, vocales sonoras, consonantes definidas.

La posición del cuerpo es en decúbito dorsal. El suelo tiene la solidez necesaria y el espacio la temperatura adecuada. No volví igual después de ese viaje. El asma que me acompañó durante 40 años desapareció. Cuando le comuniqué a mi especialista me dijo: “¿Qué hiciste de extraordinario, porque mis vacunas no pueden sanar?” Fue honesto y aquí estoy. ¡Gracias Gerda! ¡Gracias Violeta Hemsy de Gainza por haberla puesto en mi camino! En el libro “Música y eutonía” de Violeta y Susana Keselman, Gerda trabaja la alineación de mi eje postural. Es difícil olvidar el contacto de la mano y el timbre sonoro de la voz, precisamente de la creadora de la Eutonía (eu=bueno; tonía=tono muscular). El buen tono, el tono justo, apropiado para la acción que se haga con el cuerpo o el énfasis que necesita la expresión de la palabra.

Aplicaste ese método con los coreutas del CUT.

Cuando trabajaba en el Taller Musical con el CUT, pudimos hacer algunas prácticas de esta investigación, las más básicas.

Es también impresionante la experiencia de Marc Grauwels: llegar al útero materno por el camino de la conciencia. No cualquier practicante puede conducir esta enorme experiencia que seguramente desanuda las huellas que dejaron recuerdos impensables. Las semejanzas y diferencias individuales se armonizan ante el mensaje musical que se materializa en la palabra y el sonido.

A su vez ese sonido -que en un coro es la voz humana- es el resultado de varios otros llamados armónicos. Si un cantante de coro configura su voz dentro del contexto que lo rodea, contribuye a la riqueza sonora de la cual él es uno de sus componentes. Si esta es la estética del director, su géstica, su mensaje corporal tendrá los componentes adecuados para la comunicación visual de sus imágenes más profundas.

Heitor Villa-Lobos quería que en cada escuela del Brasil hubiese un coro. ¿Cuál es la importancia de la experiencia coral en la Educación?

Si formar un coro en la Escuela es seleccionar niños por su aptitud vocal y auditiva, no lo considero adecuado, justo en el lugar donde más se afianza su personalidad, su integración. Creo que cantar al unísono todo un grado y toda la escuela, estimulando la audición consciente de esa unicidad se contribuye a afianzar la propia persona y su pertenencia.

En la organización del aprendizaje musical de Hungría, esta tiene la misma importancia que las otras asignaturas, tanto a nivel primario como secundario. El estudiante cuenta con una formación que le permite elegir la Facultad de Medicina, por ejemplo, o la Academia Ferenc Liszt, con la misma idoneidad de formación para un camino científico o artístico.

¿Qué conciertos del Universitario recuerdas con particular cariño?

El concierto-homenaje a Zoltán Kodály tuvo muchísimos ingredientes de felicidad para el coro y para mí: la novedosa armonía de sus canciones, la acentuación en la primera sílaba del húngaro, las sencillas y cotidianas historias que desarrollan sus melodías. En “La noche”, sus dos últimos versos dicen: “Se acalló el murmullo de la tierra/ y resuena la armonía del cielo”.

La actividad coral significó, primero un trabajo inesperado. El CUT ya no tenía director y creo que vieron la posibilidad en mí, por mi experiencia en Chile. Así es que despejando trabajos docentes (Escuela del Magisterio, Escuela de Folklore Apolinar Barber, etc.), comencé con el CUT.

¿Qué te gustaría hacer si volvieras a nacer?

Primero, creo que no sería inteligente no aprovechar todo lo aprendido en el período anterior. Exigiría la devolución de lo que me sacaron sin pedirme permiso: mi buena respiración para nadar todos los días. La natación me parece una actividad corporal excelente, completa, por algo salimos del agua. Su práctica diaria me ayudaría a la movilidad del tronco, los brazos, los hombros, la columna, todo lo que interviene para una ejecución pianística vital, vigorosa.

¿Con que música te gustaría partir?*- Les pediré a mis hijos que posibiliten, con el auxilio de unos buenos auriculares, despedirme con los Estudios y Preludios, de Chopin.

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