EL DÍA EN QUE NO CONOCÍ A DON ATA
Por Juan Carlos Di Lullo
Actor, periodista
Hace 34 años murió Atahualpa Yupanqui. El aniversario trajo a mi memoria un curioso (y único) encuentro con él.
En 1971 tuvo lugar el Setiembre Musical Tucumano, un orgullo local que por entonces ya llevaba 11 ediciones y crecía en prestigio y convocatoria. Salvador Rimaudo, organizador de la programación, me designó para recibir, acompañar y despedir a todos los artistas. El calendario del festival era nutrido, de modo que la tarea no era sencilla; los invitados se superponían (no hubo actividad en sólo dos de los 30 días de ese setiembre) y la demanda de horas de ensayo en el teatro por parte de algunos de los artistas complicaba el cronograma. De todas maneras, la cantidad de músicos, cantantes o bailarines que tuve la oportunidad de conocer en persona me dejó un grato recuerdo (y han pasado 55 años…). Para dar una idea del nivel del encuentro, tuvimos allí la oportunidad de escuchar y ver a los primeros bailarines del Teatro Colón (entre ellos, Norma Fontenla y José Neglia, quienes murieron días después en un accidente aéreo), al Sexteto Chigiano, al Ballet de Guinea, al Quinteto de Vientos del Mozarteum, al virtuoso del sitar indio Ravi Shankar (de gran popularidad entonces por su contacto con Los Beatles) …
El viernes 17, la cartelera anunciaba un recital de Atahualpa Yupanqui en el teatro San Martín. Iba a llegar el día anterior y regresaba a Buenos Aires el sábado siguiente. Me preparé emocionalmente para conocer al monumento viviente… bajó del avión, me presenté, nos saludamos y me preguntó: “¿A qué hora es el concierto?”. Le respondí, y le informé que yo estaba ahí para acompañarlo al hotel, al teatro y de vuelta al aeropuerto para su viaje de regreso. Me contestó; “Muchas gracias, dejá nomás, tengo muchos amigos por acá” … y se fue.
Al día siguiente llegó puntualmente al teatro, deslumbró a la concurrencia con su recital y desapareció después en una de esas cálidas noches de la primavera tucumana. No volví a verlo hasta que apareció por su cuenta en el aeropuerto, en horario para la partida. “Gracias por todo”, me dijo; me dio la mano y caminó hacia el avión.
Esa es la historia de mi frustrado acompañamiento a Don Atahualpa Yupanqui en Tucumán. Suelo contarla en reuniones como una NO anécdota.
Eso sí, el recital fue conmovedor, inolvidable. En el fondo, eso es lo único que verdaderamente importa, ¿que no? (como decimos en Tucumán).


