El Pelusa y el Leo
Por Roberto Espinosa
Sombra perseguidora. Acosa. No da respiro. Haga lo que haga, en la comparación pierde, sobre todo para aquellos aferrados a una leyenda irrepetible. Pero no hay mitos que se repitan. Hay otros que quieren tener identidad propia, pero una sombra nos los deja. Ese jueves 5 de marzo, Lionel Messi junto al equipo Inter Miami, tras ganar la liga estadounidense, visitaron en la Casa Blanca al presidente Donald Trump. Las imágenes del capitán de nuestro seleccionado saludando y simpatizando en el mandatario, acusado de pedófilo, sacudieron en el acto la grieta criolla.
La indignación por haberle dado la mano a alguien que las tiene manchada con sangre por la guerra que ha desatado y que promueve con su socio Israel la destrucción de Irán y Gaza, fue inmediata por una parte de la sociedad argentina: “La pelota no se mancha”, “cómo pudo darle una mano a un genocida”, “al darle la mano a Trump apoyó la guerra, el genocidio a Palestina”, “Messi ya no es nuestro…” Trump aprovechó ese momento para reivindicar los bombardeos de Estados Unidos e Israel a Irán. “Vinimos y cumplimos con algo protocolar que es prácticamente una tradición de venir a visitar la Casa Blanca por ser el equipo campeón”. Dijo Javier Mascherano, entrenador del Inter Miami.
Una fotografía en la que lo muestra a Diego, junto a sus compañeros estrechando la mano al genocida Videla, tras haber ganado el Mundial Juvenil en 1979, no tardó en ser resucitada en las redes, en defensa de Lío. Claro que Pelusa tenía casi 19 años, tal vez no estaba enterado, como muchos argentinos, de los crímenes y desapariciones que la dictadura estaba cometiendo, en cambio, Messi es “un adulto y sabe lo que hace”. Se reivindicó la conciencia de clase, la postura antiimperialista, el compromiso con las causas sociales, de Diego. En respuesta, los sectores de derecha le enrostraron sus fotos con Chávez y Fidel Castro, su adhesión a los gobiernos de Cristina y Néstor Kirchner.
En 2014, Messi, Javier Mascherano y Ezequiel Lavezzi, jugadores del seleccionado argentino, dieron su apoyo en un anuncio televisivo a las Abuelas de Plaza de Mayo, que buscaban hijos de desaparecidos durante la dictadura (1976-1983): “Hace 10 mundiales que te estamos buscando», afirma el capitán de la albiceleste, instando a los jóvenes que dudan de su identidad a acercarse a las Abuelas.
La sonrisa de un niño
“Alcancé mi sueño de convertirme en futbolista y quiero que sepan que luché mucho para llegar y tengo que luchar aún más para mantenerme. Ese esfuerzo y ese éxito quiero aprovecharlo para ayudar a los niños que más lo necesitan, porque así lo he elegido, porque me emociona cada día que consigo que un niño sonría, cuando piensa que hay esperanza, cuando veo que se siente feliz. Por eso decidimos crear la Fundación Leo Messi. Y seguiré luchando para hacer feliz a los niños con la misma fuerza y entrega que necesito para seguir siendo futbolista”, dijo el futbolista.
Su entidad, creada en 2007, colabora con el SJD Pediatric Cancer Center Barcelona que consolida el modelo de investigación, asistencia y atención al cáncer infantil impulsado por el Hospital Sant Joan de Déu desde hace más de una década. El SJD es el primer centro monográfico de oncología pediátrica de España y el segundo de Europa. La fundación promueve el programa de desayuno escolar en Gaza; ha efectuado una donación a Unicef para la construcción de la Residencia para Madres del Hospital Zonal General de Agudos “Mi Pueblo” en Florencio Varela (Buenos Aires); brinda apoyo a la investigación del cáncer en la infancia y la adolescencia; impulsa un programa para reducir la malnutrición crónica, para mejorar la calidad de vida del alumnado y el rendimiento escolar en Mozambique (África); colabora con la fundación del tenor José Carreras en la investigación de la leucemia infantil.
Tras haber ganado el último Mundial de Qatar 2022, donde fue elegido el mejor jugador del certamen, marcando siete goles, parecía que la sombra de Diego que persiguió la vida deportiva de Lionel, había hecho por un momento mutis por el foro. Por fin, al ser un héroe del Mundial, el “pecho frío” podía sacudirse el fantasma y en la eterna comparación con el ídolo de Villa Fiorito. Finalmente, parte de sus detractores parecían aceptar a regañadientes su condición de ser uno de los mejores jugadores del mundo, pero naturalmente, nunca a la altura de Diego porque como este “no habrá otro igual”.
No tiene personalidad
No se conocen palabras en boca del rosarino que hayan desacreditado alguna vez a Maradona, todo lo contrario. “Por respeto a Leo no digo si él es mejor o yo fui mejor. Hay que dejarlo tranquilo. Lo quiero mucho y lo disfruto cuando lo veo en la cancha. Es buena persona. Pero no tiene personalidad… No tiene mucha personalidad como para ser líder”, afirmó el Diego en junio de 2016. “No, eso no se compra. Eso viene dentro, viene de serie. Messi no sería capaz de dar una charla con 20 jugadores sentados como he hecho yo ahí y motivarles”, dijo en diciembre de 2017. “Messi que dio la cara y dio todo lo que tenía que dar. Yo erré cinco seguidos y, sin embargo, seguí siendo Maradona, el juego de Argentina y los dos puntos que perdió Argentina no creo que pasen por el penal de Messi, absolutamente”, afirmó en junio de 2018.
La grieta le exige a Messi que sea rebelde, antiimperialista, antidonald, antipedófilo, antigenocida… ¿Y si él estuviera de acuerdo con las políticas de Trump, como la mayoría de los norteamericanos que lo apoyan hasta ahora? ¿Su posición no merecería un respeto democrático, más allá de no compartirla? Quizás el mandatario estadounidense está haciendo todo lo posible para convertirse en el futuro Adolf, que no persigue y combate a judíos, sino a inmigrantes; viola leyes internacionales; ignora a la ONU, así como a los órganos de control de su propio país y está arrastrando al mundo a una nueva guerra mundial. ¿Quién duda que Messi es un gran futbolista? ¿Su reciente acción trumpista lo descalifica como deportista y como persona? Y otra vez, la sombra.
No me interesa ser el mejor
“Me pone contento que hable bien de mí, de nosotros. Sabemos todo lo que él significa, lo que es para los argentinos, y que nos apoye fundamental, porque lo que él dice la gente lo escucha, y que él esté con este grupo es bueno. Lo que dice él es palabra sagrada”, señaló en su momento el ídolo del Barcelona sobre las palabras de D10s. “No me interesa ser el mejor de la historia, no me lo propuse nunca: ni ser el primero, ni el segundo, tercero o cuarto. No me considero el mejor, creo que soy un futbolista más. En la cancha al final somos todos iguales cuando comienzan los partidos. Eso sí, siempre trato de superarme. Siempre fui así. Sin la ayuda de mis compañeros no sería nada de nada. No ganaría títulos, ni premios ni nada. Me preocupa más ser buena persona que ser el mejor jugador del mundo. Al final, cuando se termine todo esto, ¿qué te llevas? Mi intención es que cuando me retire se me recuerde por ser buen tipo. Me gusta hacer goles, pero también tener amigos entre la gente con la que he jugado. Es bueno que te valoren como persona”, afirma.
Los argentinos somos afectos a criticar y a juzgar las acciones de los otros y mucho más si se trata de ídolos que, por cierto, no son perfectos por más que se quiera. Nos gusta comparar, quién es mejor que otro. Maradona también ha sido execrado por su desordenada vida privada y su adicción a las drogas. Los enigmas de su muerte aún no han terminado de aclararse en los estrados judiciales. Es fácil descalificar a quien no piensa como uno y ponernos en el papel del Todopoderoso, diciendo: “Yo te condeno”.
Amantes de la antinomia, que sólo ha servido para dividirnos históricamente como sociedad, los argentinos estamos buscando sistemáticamente al culpable de lo que nos pasa y no nos miramos por dentro. No nos preguntamos sobre la responsabilidad que nos cabe a cada uno como ciudadanos en la construcción de la patria. Somos incapaces de tolerar el mínimo desliz de un ídolo, para empujarlo del pedestal al zanjón. Y detrás de esa acción, se esconde una gran insatisfacción, frustración, una incapacidad para colocarse en el lugar del otro. Poner en las espaldas de Messi el peso de un genocidio para menospreciarlo como deportista y persona, es gratuito e inmerecido. El que esté libre de pecado que tire la primera piedra.
Si Trump es el próximo verdugo de la humanidad, no será responsabilidad de un rosarino, sino de las potencias que están avalando está desaforada ambición de poder que nos está conduciendo a la destrucción. Mientras la dicotomía Pelusa-Leo, entre muchas otras, persista, seguiremos regando las sombras y estaremos lejos de darnos un abrazo de unidad que nos permita crecer como nación.



