El refugio de Leloir: Virginia Mones Ruiz y la historia de amor que sostuvo al Indio Solari en los peores momentos
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La mañana del viernes 5 de junio conmovió a varias generaciones de argentinos con la noticia del fallecimiento de Carlos Alberto Solari. Detrás del mito que lideró Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, existió un hermetismo familiar que funcionó como su verdadero búnker emocional. En el centro de ese universo estuvo Virginia Mones Ruiz, su compañera durante más de cuatro décadas y el pilar que sostuvo al músico en la intimidad de su quinta de Parque Leloir.
Conocida entre sus íntimos como «Viru» o «Virulana», conoció al cantante a principios de 1981, una época en la que la banda todavía transitaba los sótanos del circuito underground. A diferencia de Carmen Castro, la mánager histórica del grupo conocida como «La Negra Poly» —pareja de Skay Beilinson—, Mones Ruiz eligió no ocupar un rol empresarial ni comercial visible en la carrera de Solari, inclinándose por un perfil estrictamente reservado.
Del secreto en los ochenta al nacimiento de Bruno
La relación se consolidó a la par del crecimiento de la mánager de masas en que se convirtieron Los Redondos. En 1988, el mismo año en que la banda ya arrastraba multitudes con discos clave como Gulp! y Oktubre, la pareja decidió casarse bajo un estricto secreto, evitando cualquier tipo de festejo público o exposición mediática.
«Nos conocimos promediando el verano del año 81. Años después, cuando escuché por primera vez ‘Me quedo contigo’ por Los Chunguitos, encontré las palabras que describían mi amor», llegó a recordar Mones Ruiz a través de su cuenta de X en un aniversario de San Valentín.
En diciembre de 2000, la llegada de Bruno, el único hijo de la pareja, terminó de sellar el núcleo familiar. La decisión de mantener al joven alejado de las cámaras fue una constante que compartieron ambos padres, priorizando la normalidad doméstica por encima de la enorme exposición del padre de la familia.
El sostén frente a «Míster Parkinson»
El rol de la mujer cobró una relevancia pública particular a partir del 12 de marzo de 2016. Esa noche, ante más de 150.000 personas en Tandil, el vocalista reveló su estado de salud con una frase que quedó en la historia del rock local: «Míster Parkinson me está pisando los talones, pero acá estoy».
A partir de ese diagnóstico, Mones Ruiz se transformó en la barrera protectora del cantante frente a las especulaciones médicas. Aunque utilizó ocasionalmente las redes sociales para desmentir noticias falsas y compartir ciertos ideales políticos afines a los de su esposo, el verdadero trabajo ocurrió puertas adentro de la residencia de Ituzaingó, donde acompañó el avance de la enfermedad con total discreción.
Tras la confirmación del fallecimiento del artista, el entorno familiar optó por el silencio y el resguardo. Mientras el rock argentino atraviesa sus horas más tristes, los seguidores del músico volvieron a volcarse a las plataformas virtuales para recordar aquellas viejas postales familiares que la mujer solía compartir, un registro austero de la pareja más longeva y misteriosa de la música popular argentina.


