Cumplir años no es sumar almanaques; es sostener viva una de esas hermosas locuras que nos hacen la vida más llevadera.
Ser de San Martín no se explica con manuales de ser hincha: es el ritual sagrado de la semana o fin de semana, el olor a tablón y choripán, y ese abrazo apretado con un desconocido que, en el grito de gol, se vuelve tu hermano.
La Ciudadela es un templo laico donde el corazón late a mil y las gargantas de los cirujas se hacen un solo grito. Salud, Santo querido. Gracias por estos 117 años de pasión incondicional, de sufrir las malas y bancar la parada con los colores bien puestos en el pecho.
¡Feliz Aniversario, San Martín de Tucumán les desea Prensa Activa Digital!




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