El Papa llegará a Argentina en medio de la tensión bilateral con Brasil por la ayuda del Gobierno al escape de Flávio Bolsonaro y a poco de comenzar un año de elecciones presidenciales
La democracia está acechada por la uberización política. Así parece el planteo de hoy en gran parte del mundo. Por momentos atrapada por un puñado de dirigentes, más la oligarquía tecnológica de otro puñado de hombres que manejan el mundo. Al menos se esmeran en ello. Borges terminaba sus conferencias con un “es todo tan raro y tan posible”.
En tanto no haya un renacer del apego democrático, la extrema derecha acecha a la democracia. Parece tan lejana la impresionante victoria de Lula, quien remontó lo que parecía imposible: ganar. Porque lo protagonizado por Flávio Bolsonaro pasó a ocupar la atención de propios y extraños.
Vuelvo a Borges, es tan raro que un senador de la Nación no pueda salir de su país, que le retengan su pasaporte. Pero por los hechos, es posible. Ahora, ¿a dónde conduce todo esto? Argentina -su principal socio comercial- no reconoce la cuarta presidencia de Lula y montó un operativo con gran dosis de Netflix -con una actor de reparto sin cargo importante-, pero con el poder de “las fuerzas del cielo”, para que Bolsonaro se fuera a EEUU.
El presidente argentino no solo sincroniza su colaboración con el presidente Trump en este operativo, sino que deja en el perchero su reciente apego al espíritu malvinero, al modificar importantes artículos en el proyecto de ley de soberanía porque tocaban intereses de las empresas norteamericanas.




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