Transporte de cargas: el 65% vuelve vacío la mayoría de las veces y solo el 12% mide sus emisiones
El informe de sustentabilidad 2026 de Avancargo expone los desafíos de reducir los viajes sin carga y avanzar en la medición del impacto ambiental.
a sustentabilidad se convirtió en uno de los grandes desafíos de la logística, pero su incorporación efectiva a la operación cotidiana del transporte de cargas todavía enfrenta importantes limitaciones en la Argentina. La falta de aprovechamiento de los viajes de retorno, la escasa medición de emisiones y las dificultades para financiar nuevas tecnologías configuran un escenario en el que la eficiencia económica y el cuidado ambiental necesitan avanzar de manera conjunta.
Esa es una de las principales conclusiones que surgen del Estudio de Impacto y Sustentabilidad en el Transporte 2026 de Avancargo, un relevamiento que analiza las prácticas, percepciones y dificultades de los transportistas frente a los desafíos ambientales de la actividad.
Uno de los datos más contundentes es que el 65% de los transportistas encuestados declara regresar sin carga siempre o la mayoría de las veces después de una entrega. Al mismo tiempo, aunque el 63% conoce el concepto de huella de carbono, solamente el 12% afirma medir sus emisiones.
La combinación de ambos indicadores expone una brecha entre el conocimiento de los desafíos ambientales y la implementación de herramientas concretas para gestionarlos. También revela una oportunidad para mejorar el funcionamiento de la cadena logística: aprovechar mejor la capacidad de transporte disponible y reducir los kilómetros recorridos sin mercadería.
Un problema económico y ambiental
El regreso sin carga constituye uno de los problemas estructurales del transporte de mercancías. Cuando un camión completa una entrega y vuelve a circular sin mercadería, la empresa continúa afrontando gastos de combustible, mantenimiento, neumáticos, peajes y horas de trabajo, aunque ese trayecto no genere ingresos por una nueva carga.

Desde la perspectiva ambiental, esos kilómetros también implican consumo energético y emisiones sin un aprovechamiento productivo equivalente al que podría conseguirse mediante una operación de retorno.
La posibilidad de coordinar cargas de ida y vuelta, conectar empresas con necesidades logísticas complementarias y mejorar la planificación de recorridos, puede contribuir a reducir esa ineficiencia. Sin embargo, concretar esas alternativas requiere información, coordinación entre los actores de la cadena y herramientas que permitan relacionar la disponibilidad de vehículos con las necesidades de transporte. El relevamiento identifica la frecuencia declarada del problema, pero no determina que proporción de esos retornos podría evitarse.
Huella de carbono
El segundo indicador relevante del informe muestra una diferencia marcada entre el conocimiento conceptual y la aplicación práctica. Mientras el 63% de los encuestados conoce el concepto de huella de carbono, solo el 12% declara medir sus emisiones.
La medición constituye un paso fundamental para identificar dónde se concentra el impacto ambiental, establecer objetivos de reducción y evaluar los resultados de las medidas implementadas. Sin datos confiables, las empresas tienen mayores dificultades para determinar qué cambios producen mejoras concretas y cuáles son sus costos y beneficios.
Para el transporte de cargas, esa información puede vincularse con variables operativas como el consumo de combustible, la distancia recorrida, la ocupación de los vehículos y la eficiencia de los viajes. La disponibilidad de esos indicadores permite integrar la gestión ambiental a las decisiones económicas y operativas de cada empresa.


